2 Samuel 20:13-22
El tema del noviazgo es una de las cuestiones que más inquietudes genera entre los jóvenes cristianos. Aunque muchos todavía no han llegado al momento de iniciar una relación sentimental, resulta importante reflexionar sobre ello con antelación y desde una perspectiva bíblica.
Con frecuencia se observan dos extremos. Por un lado, jóvenes que comienzan relaciones precipitadamente, impulsados por emociones o circunstancias pasajeras, solo para descubrir pocos meses después que aquella decisión no fue acertada. Por otro lado, también existen quienes esperan una idea idealizada de la pareja perfecta y terminan dejando pasar oportunidades reales mientras buscan algo que quizá nunca exista.
En ocasiones se descarta a una persona por motivos superficiales o por expectativas poco realistas. Sin embargo, una relación cristiana implica tratar con una persona real, con sentimientos, responsabilidades y, sobre todo, una dimensión espiritual que no puede ignorarse.
Ante esta realidad surge una pregunta fundamental: ¿cómo puede un creyente afrontar correctamente el tema del noviazgo? La respuesta no se encuentra en las tendencias culturales ni en las opiniones cambiantes de la sociedad, sino en Dios y en Su Palabra.
No existen dos historias de amor idénticas entre los matrimonios cristianos. Dios guía a cada persona por caminos diferentes, pero con un mismo propósito: encontrar a alguien con quien glorificarle mejor dentro del matrimonio.
Aunque la Biblia no habla específicamente del noviazgo tal como lo entendemos hoy, sí enseña ampliamente acerca de la voluntad de Dios para la vida de Sus hijos. Por ello, resulta apropiado considerar este tema desde una perspectiva bíblica: el noviazgo bajo la voluntad de Dios.
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas…” Jeremías 29:4-6.
A partir de este principio pueden plantearse tres cuestiones fundamentales:
1. Cuándo comenzar un noviazgo bajo la voluntad de Dios.
2. Cómo comenzar un noviazgo bajo la voluntad de Dios.
3. Con quién comenzar un noviazgo bajo la voluntad de Dios.
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I. Cuándo comenzar un noviazgo bajo la voluntad de Dios
No comenzar un noviazgo por los motivos equivocados
Muchos jóvenes comienzan una relación de noviazgo movidos por su propia voluntad en lugar de la de Dios. Esto implica evitar los patrones del mundo y las motivaciones superficiales que tantas veces impulsan las relaciones sentimentales.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:2.
Por capricho
Algunos comienzan una relación porque sus amigos ya tienen pareja. Otros simplemente desean experimentar lo que se siente al tener novio o novia. También están quienes buscan proyectar una determinada imagen en las redes sociales.
Es frecuente ver cómo una relación comienza rodeada de entusiasmo, fotografías y declaraciones públicas, pero desaparece pocos meses después. Lo que parecía una decisión importante termina revelándose como una emoción pasajera.
Cuando esto ocurre, el problema no suele ser que Dios se haya equivocado, sino que la decisión se tomó sin buscar seriamente Su voluntad.
“Porque en él fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de él y para él” Colosenses 1:16.
El creyente no fue creado para satisfacer sus propios caprichos, sino para glorificar a Cristo. Por eso, la cuestión principal no es encontrar una supuesta “media naranja”, sino encontrar a una persona con quien glorificar mejor al Señor.
Por presión de grupo
Otra motivación equivocada es la presión de quienes nos rodean.
Los comentarios de amigos, familiares o compañeros pueden empujar a una persona hacia una relación para la que aún no está preparada. Preguntas aparentemente inocentes como “¿cuándo vas a echarte novio?” o “hacéis muy buena pareja” pueden terminar influyendo más de lo que imaginamos.
Sin embargo, el creyente no está llamado a agradar a las personas, sino a Dios.
“Porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” 1 Juan 3:22.
Comenzar un noviazgo en el tiempo del Señor
Dios nunca llega tarde. Puede permitir tiempos de espera, pero jamás se retrasa respecto a Sus propósitos.
“Mas yo en ti confío, oh Jehová; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos” Salmo 31:14-15.
La importancia de los padres
Un principio sabio es tomar en consideración la opinión de los padres. Si una relación realmente está dentro de la voluntad de Dios, no hay necesidad de forzar situaciones ni actuar a escondidas.
Cuando los padres expresan reservas, conviene escuchar atentamente sus razones y evaluarlas con humildad.
Respetar los plazos necesarios
En ocasiones existen etapas que deben completarse antes de iniciar una relación.
Algunos padres consideran prudente que sus hijos terminen ciertos estudios antes de comenzar un noviazgo. Otras veces es recomendable fortalecer primero una amistad o continuar conociéndose dentro de un contexto grupal.
Estos plazos no deben verse como obstáculos, sino como herramientas de protección y sabiduría.
Edad y madurez
Resulta difícil establecer una edad exacta para comenzar una relación. Sin embargo, sí puede afirmarse que la madurez es un factor mucho más importante que la edad cronológica.
La madurez intelectual, emocional y espiritual permite afrontar las responsabilidades propias de una relación de manera sana.
El propio autor del sermón compartía cómo su esposa Laura mostró una notable madurez espiritual desde joven, caracterizada por su amor al Señor y su deseo de servir a otros. Más allá de las diferencias de edad, lo verdaderamente determinante fue la madurez con la que ambos afrontaron la relación.
Por ello, antes de comenzar un noviazgo conviene preguntarse honestamente: ¿existe la madurez necesaria para asumir una relación de este tipo?
II. Cómo comenzar un noviazgo bajo la voluntad de Dios
La Biblia no ofrece un método específico para iniciar un noviazgo. Tampoco establece una fórmula única o un procedimiento obligatorio.
Dios parece haber dejado libertad en este aspecto, siempre que se respeten los principios bíblicos y se busque Su gloria por encima de cualquier otro interés.
Más que un método rígido, resulta útil pensar en un proceso progresivo de conocimiento.
Conocerse en grupos grandes
Campamentos, reuniones regionales, actividades de jóvenes o eventos de iglesia ofrecen oportunidades excelentes para observar el carácter de una persona.
En estos contextos pueden apreciarse aspectos como su obediencia, su actitud hacia la autoridad, su espíritu de servicio, su manera de relacionarse con otros creyentes y su compromiso con las cosas de Dios.
Conocerse en grupos pequeños
Después de un tiempo, pueden darse oportunidades para interactuar en grupos más reducidos.
Excursiones, actividades de la iglesia, encuentros de jóvenes o proyectos compartidos permiten observar otras dimensiones de la personalidad: la capacidad de organización, el interés por los demás, la responsabilidad o la disposición para colaborar.
Conocerse en grupos reducidos
Una vez consolidada una amistad saludable y después de un período significativo de conocimiento mutuo, puede resultar apropiado compartir tiempo en grupos aún más pequeños.
La transparencia y el respeto por la autoridad de los padres siguen siendo elementos importantes en esta etapa.
Conocerse de manera personal
Este es el último paso antes del noviazgo.
Algunos lo llaman una amistad especial. Todavía no existe un compromiso formal, pero sí una intención clara de conocerse con mayor profundidad.
En esta etapa pueden compartirse planes de futuro, peticiones de oración, conversaciones espirituales y proyectos personales.
Sin embargo, existe un peligro cuando se pretende alcanzar este nivel demasiado rápido.
Pretender abrir el corazón completamente a una persona sin haber recorrido las etapas anteriores es comparable a quien intenta realizar una cirugía sin haber pasado por años de formación médica.
La confianza profunda debe construirse progresivamente.
Además, cuando el proceso se desarrolla de manera sana, quienes rodean a la pareja perciben con naturalidad que existe una amistad especial y un interés mutuo.
El noviazgo en el tiempo del Señor
Cuando existe conocimiento suficiente, madurez, aprobación de los padres y convicción espiritual, el noviazgo puede comenzar con tranquilidad y confianza.
III. Con quién comenzar un noviazgo bajo la voluntad de Dios
La pregunta más importante no es si una persona resulta atractiva, interesante o compatible en ciertos aspectos.
La pregunta fundamental es si esa persona evidencia el fruto del Espíritu en su vida.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” Gálatas 5:22-23.
No existe una mejor prueba para evaluar a una posible pareja cristiana.
Amor
Dios es amor. El amor bíblico, el ágape, es un amor sacrificial que busca el bien de la otra persona.
No se trata simplemente de atracción física o afinidad emocional. Es el amor que sirve, que se entrega y que permanece incluso cuando hacerlo implica sacrificio.
“Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” Romanos 5:5.
Una persona que no conoce a Cristo puede experimentar afecto o atracción, pero no posee el amor transformador producido por el Espíritu Santo.
Por ello, es necesario preguntarse: ¿ama esta persona al Señor? ¿Ama al prójimo? ¿Cómo demuestra ese amor en la práctica?
Gozo
El verdadero gozo también procede de Dios.
“Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación” Isaías 12:3.
“Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” Santiago 1:2.
El gozo bíblico no depende de circunstancias favorables. Permanece incluso en medio de las dificultades porque tiene su fundamento en Dios.
Por ello conviene observar qué ocurre cuando las cosas no salen como esa persona desea. ¿Sigue encontrando satisfacción en el Señor?
Paz
La paz verdadera nace de la reconciliación con Dios.
«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” Romanos 5:1.
Esta paz sostiene al creyente durante las pruebas y guarda su corazón en medio de la incertidumbre.
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” Filipenses 4:7.
Si una persona no tiene paz con Dios, difícilmente podrá afrontar adecuadamente las crisis inevitables de la vida.
Por ello resulta importante preguntarse si esa paz es visible en su conducta diaria.
El resto del fruto del Espíritu
Las siguientes cualidades también deben examinarse cuidadosamente:
– Paciencia.
– Benignidad.
– Bondad.
– Fe o fidelidad.
– Mansedumbre.
– Templanza o dominio propio.
Ningún creyente las manifiesta perfectamente, pero sí debe existir una evidencia creciente de la obra del Espíritu Santo.
Conclusión
¿Con quién debe comenzar un creyente un noviazgo? Con una persona que evidencie una relación genuina con Cristo y manifieste el fruto del Espíritu en su vida.
¿Cómo debe comenzar? Mediante un proceso progresivo de conocimiento, pasando por diferentes niveles de amistad y confianza antes de llegar al compromiso formal.
¿Cuándo debe comenzar? Cuando las motivaciones sean correctas, exista madurez suficiente, se haya considerado el consejo de los padres y pueda reconocerse la dirección de Dios.
El objetivo final nunca debe ser simplemente tener pareja. La meta es encontrar a una persona con quien glorificar mejor al Señor y servirle juntos durante toda la vida.
Un noviazgo verdaderamente cristiano no gira en torno a la satisfacción personal, sino en torno a la voluntad de Dios y a Su gloria.