“Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”
Efesios 5:16
¡Llega el verano!
En nuestro país, eso significa calor, helados, chanclas, siestas, vacaciones, campamentos y, quizá también, algo más: matar el tiempo.
Matamos el tiempo cuando estamos aburridos y no tenemos nada que hacer; cuando vemos pasar las horas sin ningún propósito. ¿Cuántas personas pasarán este verano sin un objetivo claro, sin una meta definida y simplemente dejando que transcurran los días?
Mientras meditaba sobre ello, pensé que para el creyente existen varios peligros en perder el tiempo o, sencillamente, dejarlo correr. Quisiera compartir algunos de ellos.
El tiempo es oro
Esto no es una frase de filosofía barata ni una cita encontrada en un sobre de azúcar o en una galleta de la suerte. El tiempo es un bien valioso que poseemos y con el que realizamos diferentes transacciones.
Cuando vas a trabajar, intercambias tu tiempo por dinero. A casi nadie le pagan por no hacer nada. Si quieres recibir un sueldo, tendrás que invertir tiempo.
Del mismo modo, cuando compras algo, puedes calcular cuánto tiempo de tu vida laboral te costará pagarlo. Dependiendo de lo que sea, requerirá unas pocas horas de trabajo o quizá muchos años de esfuerzo.
En cierto sentido, la riqueza terrenal puede medirse en tiempo y dinero. Si careces de ambos, eres pobre. Si tienes mucho tiempo pero poco dinero, también eres pobre. Y si tienes mucho dinero pero apenas tiempo para disfrutarlo, igualmente existe una forma de pobreza.
Sin embargo, no pretendo iniciar una reflexión sobre la filosofía de la riqueza. Lo que quiero destacar es que el tiempo es un regalo precioso de Dios.
Hay personas que se están quedando sin tiempo y, sin embargo, no pueden comprar ni un minuto más. El tiempo es un don que únicamente Dios puede conceder.
Y si damos un paso más allá, debemos recordar que de cada regalo recibido de Dios tendremos que rendir cuentas delante de Él. Por lo tanto, no desperdicies este recurso tan valioso. Úsalo con un propósito digno.
Lo cual nos lleva al siguiente punto.
Quien no tiene propósito perderá el tiempo
La persona que posee una meta clara y valiosa no suele tener tiempo que desperdiciar.
Comerá, beberá y hasta dormirá pensando en aquello que desea alcanzar.
Hace poco muchos estudiantes se enfrentaron a los exámenes de acceso a la universidad. Quien tiene claro su objetivo de aprobar para llegar a ejercer la profesión que desea no dedicará el día entero a dormir o a grabar vídeos para TikTok. Estudiará, se preparará y se esforzará.
¿Por qué?
Porque tiene un propósito.
Quien carece de una meta terminará desperdiciando gran parte de su tiempo.
El creyente, más que nadie, tiene razones para vivir con propósito. Y no solamente una.
Queremos llegar a ser como Cristo. Queremos conocerle más profundamente. Queremos experimentar el poder de su resurrección. Deseamos ser llenos del Espíritu Santo. Anhelamos convertirnos en hombres y mujeres de oración. Queremos edificar su Reino y darlo a conocer a otros.
A estos objetivos espirituales podríamos añadir otros perfectamente legítimos: aprender un idioma, obtener el permiso de conducir, terminar unos estudios o mejorar nuestro hogar.
¿Nos faltan propósitos?
En realidad, nos sobran. Lo que nos falta es tiempo para cumplirlos todos.
Precisamente por eso Satanás procura distraernos. Su deseo es que perdamos el tiempo en lugar de aprovecharlo, que lleguemos delante del Señor con las manos vacías y sin fruto que presentar.
No permitas que te engañe.
Este verano procura aprovechar bien el tiempo. Ten una meta, desarrolla un proyecto y, sobre todo, asegúrate de que sea para la gloria de Dios.
Los días son malos
En el idioma griego existen diferentes palabras para describir lo que es malo. La palabra utilizada en Efesios 5:16 no se refiere simplemente a algo desagradable o incómodo, sino a algo que es malo en sí mismo y que produce maldad.
Pablo está enseñando que quien no aprovecha correctamente el tiempo corre el riesgo de utilizarlo de manera equivocada.
Los grandes proyectos, las ideas que transforman vidas y las obras que realmente merecen la pena requieren esfuerzo.
Cuesta mucho construir, pero es muy fácil destruir.
Crear exige dedicación. Destruir suele ser rápido y sencillo.
La vida espiritual funciona de la misma manera.
Quien desea hacer algo para Dios tendrá que esforzarse. Quien quiera construir un matrimonio sólido deberá invertir tiempo y dedicación. Quien anhele conocer la Palabra de Dios no despertará una mañana sabiendo más de la Biblia por arte de magia; tendrá que abrirla cada día y estudiarla.
Quien aspire a escuchar algún día las palabras «bien, buen siervo y fiel» deberá ejercitarse en la piedad, tal como Pablo recomendó a Timoteo.
Los días nos inclinan hacia lo malo. Por eso, si no utilizamos bien nuestro tiempo, no permaneceremos espiritualmente neutrales. Más bien seremos tentados a descuidarnos y a alejarnos poco a poco de aquello que agrada a Dios.
Por esa razón es tan importante tener un propósito durante este verano y esforzarse por alcanzarlo.
Pidamos al Señor las fuerzas necesarias para seguir adelante y para que estos meses no se conviertan en tiempo perdido.
Que Dios nos ayude a aprovechar bien cada día para su gloria.
¡Feliz verano!