Existe una variedad de formas en que podemos responder esta pregunta. Tal vez encamines a tus hijos, familiares, miembros de la iglesia o amigos de manera errónea. Podrías desperdiciar tu tiempo aprendiendo algo equivocado e incluso es posible que estés viviendo engañado.
En Juan 1:43-51 encontramos a alguien que inicialmente no identifica ni reconoce correctamente a Jesús. Se llama Natanael. Lee este pasaje del cuarto Evangelio antes de continuar con el siguiente párrafo y te darás cuenta de que Natanael no reconoce quién es realmente Jesús.
Felipe, amigo de Natanael, llegó a una conclusión acerca de Jesús y, por tanto, fue a informar a su compañero. Le comunica algo impresionante. Parafraseando a Felipe, podríamos decir: «Aquel de quien hablaron Moisés y los profetas, aquel a quien anticipaba todo el Antiguo Testamento, ha sido hallado». Es una declaración asombrosa. Para cualquier judío del siglo I, estas palabras tenían una enorme importancia. Felipe estaba afirmando que Jesús era el Mesías prometido por Dios a lo largo de las Escrituras.
Pero Natanael, al escuchar todo esto, se enfoca en el pueblo de procedencia de Jesús: Nazaret. Tiene una noción preconcebida acerca de Él, y su respuesta, formulada como una pregunta, es más bien una observación que revela mucho sobre su pensamiento. Nos muestra su parcialidad. Dicho de otra manera, Natanael parece decir: «Nadie importante o bueno sale de ese pueblucho».
Tal vez pensaba así porque el pueblo tenía mala fama o simplemente porque era muy pequeño. Sea cual sea la razón, Natanael escucha la palabra «Mesías» y no la asocia con Nazaret. Natanael muestra favoritismo y prejuicio.
Este es un claro ejemplo de que Natanael no había reconocido a Jesús. Lo había rechazado demasiado rápido. Si el Mesías iba a venir, pensaba él, tendría que proceder de un lugar más importante que Nazaret. Tal vez de Jerusalén, la capital, pero no de un pueblo perdido en las montañas.
La parcialidad de Natanael le hacía pensar que una persona importante debía venir de una ciudad importante. Había disminuido el valor de un individuo por su lugar de origen. Pero… ¡vaya sorpresa se va a llevar con Jesús!
Jesús hace una observación sobre la integridad de Natanael, pero este, como buen escéptico, le pregunta: «¿De dónde me conoces?». En otras palabras: «¿Y tú quién eres para saber quién soy yo?». El buen hombre no solo es parcial, sino también escéptico.
La respuesta de Jesús es sorprendente. Le informa que le vio debajo de una higuera. Y algo aún más sorprendente sucede: la opinión de Natanael cambia drásticamente. Del rechazo que había mostrado en los versículos anteriores, pasa a reconocer a Jesús no solo como Maestro, sino también como el Mesías y el Hijo de Dios.
El cambio es inesperado y asombroso. ¿Qué habría visto Jesús que estaba haciendo Natanael debajo de aquella higuera para provocar una reacción tan radical? No lo sabemos.
Las palabras de Jesús sirven a Natanael como una invitación a continuar conociéndole y, a nosotros, a seguir leyendo para reconocerle mejor: «¡Vas a ver cosas aún mayores que estas!». Así que no te detengas en la lectura.
En cierta manera, esta escena ilustra lo que Jesús hace en la vida de las personas. Si seguimos leyendo el Evangelio de Juan, veremos que esto mismo sucede con Nicodemo, la mujer samaritana, un funcionario real, un inválido, un ciego, Lázaro y muchos otros. Sus vidas son transformadas al reconocer quién es Jesús.
Para reconocer a Jesús no hay sustituto. Debemos verle por nosotros mismos a través de su Palabra. Y eso es precisamente lo que sucede con cada uno de estos personajes.
Las últimas palabras de este primer capítulo de Juan pertenecen a Jesús. Y es Él mismo quien se identifica para nosotros. Jesús utiliza el sueño de Jacob en Génesis 28 y la visión de Daniel 7 para ayudarnos a comprender quién es.
Él es quien tiene toda autoridad para restablecer la relación entre Dios y la humanidad. Es la escalera que conecta el cielo y la tierra. Es el Hijo del Hombre cuyo reino es eterno y sin fin. Estos son títulos sumamente importantes.
Tal vez tienes una opinión ya formada acerca de Jesús, pero nunca has ido directamente a la fuente para conocerle por ti mismo. Es posible que algún amigo tuyo también tenga ideas preconcebidas acerca de Él, pero tampoco haya acudido a la fuente.
Esta es una invitación para ti y para tu amigo.
Por medio de esta historia, Jesús nos invita en el Evangelio de Juan a verle por primera vez o a volver a verle de nuevo a través de su Palabra.
Para reconocer a Jesús no hay sustituto. Debemos verle por nosotros mismos a través de su Palabra. Verás cosas aún mayores que estas. Te sorprenderá el cambio que Él puede producir en tu vida.