La muerte es separación y en todas las culturas hay diferentes maneras de hacer luto por un fallecido. Aquí en España, como en prácticamente todos los países de habla hispana, el primero de noviembre es el día de todos los santos, el día de visitar los cementerios donde se encuentran nuestros seres queridos que han partido.
El capítulo 11 de Juan nos narra algo parecido en la vida de Marta y María cuando su hermano Lázaro había muerto. ¿Quién quisieras que esté contigo en la muerte de un hermano o un familiar cercano? Marta tenía a alguien en mente, cuando su hermano estaba enfermo y cuando murió. Ella quería a Jesús.
Estas dos hermanas de Betania tuvieron mucha compañía aquel día. El hecho de que “muchos judíos” (religiosos y enemigos de Jesús) tomaran la molestia de caminar casi 4 km para visitar a Marta y a María nos habla de la posición de influencia e importancia de esta familia. Sin embargo, ambas querían ver solo a una persona en ese momento; y ya habían pasado tres días desde que le dieron aviso a Jesús, y no estaba allí.
Juan 11:20-21 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Jesús era un amigo muy querido para esta familia. Él amaba a cada uno de ellos (Juan 11:5).
Lee Juan 11:22-27.
Tiene lugar una entrevista entre Marta y Jesús, aún antes de llegar a su casa, a las afueras de Betania (Jn 11:30). Esa conversación enmarca la fe de Marta en Dios, fe en las palabras de Jesús enseñadas anteriormente (Juan 5:25-29) y fe en Jesús mismo:
Juan 11:27 Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
Marta invitó a su hermana a salir en busca de Jesús. El secretismo entre Marta y María (Juan 11:28) se puede explicar por el hecho de que había judíos religiosos antagónicos a Jesús.
Juan 11:32 María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Los hubieses y los hubieras. ¿Deberíamos, como cristianos, enfocarnos en los hubieses y hubieras? Cuando alguien parte de nuestra presencia, no es bueno pensar en estos términos. Pero Jesús había declarado unos días antes que esta enfermedad no era para muerte, sino para la gloria de Dios y para glorificarse (Juan 11:4). Incluso Jesús deliberadamente tardó dos días más en el lugar donde estaba (Juan 11:6) y junto con el viaje por lo menos tardó cuatro días en llegar a Betania (Juan 11:39). ¿Observamos alguna preocupación en Cristo por los hubieses y los hubieras? Aquel que tiene todo bajo control, no toma en cuenta estas palabritas. De la misma manera nosotros, si nuestra fe está en Dios, no nos dejaremos intimidar por estas palabritas.
2 Corintios 5:7 (porque por fe andamos, no por vista).
Nuestro Salvador muestra una simpatía singular con nuestros dolores (Juan 11:33). Él se conmueve con nosotros y lleva nuestro dolor (Hebreos 4:15). También Jesús llora por la realidad de la muerte que tiene esclavizado al ser humano (Juan 11:35).
Pero las palabras de Jesucristo nos enfrentan con una de dos opciones: o crees en Él o le rechazas.
Juan 11:25-26 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Juan 11:40 Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
¿Qué elegirás tú? Seguirás viendo el concepto de la muerte como el mundo la ve, o transformarás tu pensamiento con las palabras de Jesucristo:
Juan 10:10 yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
La historia termina con la voz de autoridad mandando que Lázaro saliera vivo (después de cuatro días de haber fallecido) de la tumba.
Juan 11:43-44 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.
Muchos piensan que si el Señor no hubiese dado la orden a Lázaro (usando su nombre), todos los muertos hubieran resucitado en aquel día, porque es Dios mismo el que habla.
Sin embargo, habrá un día en el que sí; Jesucristo mismo usará una vez más su voz de mando para resucitar a todo el mundo:
Juan 5:28-29 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
¿Has hecho lo bueno, es decir, confiar en Él como tu
Salvador personal? Te invito a hacerlo hoy.