El libro de Job empieza con la descripción de un varón llamado Job que vive en tierra de Uz. La Escritura dice que Job era un “hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1). Esta descripción resalta que Job era un hombre de carácter intachable y de fe ferviente. El libro no solo empieza describiendo la piedad de Job, sino que también enumera acciones que lo confirman. El texto muestra cómo Job cuidaba espiritualmente de su familia al santificarles y ofrecer sacrificios por ellos (Job 1:5).
Yahweh también confirma la descripción de Job cuando habla con Satanás. Además, Dios añade que “no hay otro como él en la tierra” (Job 1:8). Job sobresale en su generación al ser un hombre íntegro y totalmente dedicado a Dios. El texto deja muy claro que Job no sufrió por su propio pecado, sino que era inocente e irreprensible.
Con una pregunta, Dios indaga si Satanás ha considerado a Job y su piedad. Satanás rápidamente le responde a Dios que no es de sorprender que Job le sirva porque Dios le ha comprado con toda clase de bendiciones y riquezas (Job 1:9-10). Satanás insinúa que Dios no es digno de adoración y servicio, a menos que haya beneficios. Satanás le dice a Dios “extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 1:11). Si Satanás lograba probar esa afirmación, entonces pondría en duda la dignidad de Dios ante el resto de la creación.
Yahweh, sin dudar, permite que Satanás haga la prueba a su manera, pero sin tocar a Job. Dios le pone límites a Satanás y este no puede salirse de los términos trazados (Job 1:12). Satanás, por su maldad, le causa a Job el máximo daño posible dentro de los márgenes que Dios le ha puesto. El maligno mata a todos los habitantes de la casa de Job, exceptuando a su mujer, y le quita todos sus bienes (Job 1:12-19).
No obstante, cuando Job oyó las noticias de toda su pérdida, no blasfemó a Dios como Satanás dijo que haría, sino que adoró a Dios. La Escritura nos dice, “Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (Job 1:20-22). Job reconoció la soberanía de Dios sobre todas sus posesiones y buscó alivio en Él.
Estos eventos desastrosos hubieran hecho que otros perdieran la fe o incluso que cuestionaran a Dios, pero Job se mantuvo fiel. Job demostró que no estaba sirviendo a Dios por los beneficios, sino por amor. Yahweh realmente es digno de adoración. La persona que verdaderamente teme a Dios no necesita recibir nada de Dios para adorarle. Dios es digno de adoración en Su esencia.
Es de notar que aunque Job perdió todas sus posesiones, sus hijos y su estatus ante los hombres, no perdió su estatus delante de Dios. Después de esa primera prueba, Dios le dice a Satanás, “¿no has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa?” (Job 2:3).
Aún así, Satanás no se da por vencido, sino sugiere que no le sorprende la respuesta de Job porque Dios le ha mantenido sano y salvo. Satanás plantea que Dios no puede afirmar la victoria porque la prueba aún no está completa, y desafía a Dios para que incremente la aflicción de Job. A su parecer, esta segunda prueba demostrará que Job solo sirve a Dios por los beneficios. Satanás le dice a Dios “piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 2:4-5).
Dios le permite una vez más a Satanás hacer su prueba, pero con límites.
Satanás puede tocar el cuerpo de Job, mas no puede quitarle la vida (Job 2:6). Con esos términos, Satanás le causó a Job el máximo sufrimiento corporal posible con el propósito de probar que Dios solo es digno de adoración si hay beneficios. Sin embargo, Job otra vez desafió el plan del maligno y probó delante de toda la creación que Satanás estaba muy equivocado. La Escritura dice, “en todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2:10). El resultado de la prueba de Job fue que permaneció sin mancha de pecado.
Job definitivamente es un ejemplo a seguir en su dedicación a Dios. Hay que recordar que Job no tenía toda la información como nosotros. Job no conocía lo que estaba pasando detrás de la escena. Job no sabía nada sobre la razón de las pruebas. Por ello, Job quería saber por qué Dios, aparentemente, se había vuelto en su contra (Job 7:20-21). Comúnmente, la primera pregunta que hacemos cuando sufrimos es, ¿por qué?
¿Por qué estoy sufriendo? ¿Por qué me pasan estas cosas? ¿Por qué siempre me pasa a mí? ¿Por qué no me dan tregua los problemas? ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué tantas pruebas? ¿Por qué tanto dolor?¿Por qué tantos problemas financieros? ¿Por qué tantos problemas de salud? ¿Por qué tiene la vida que ser tan difícil? ¿Por qué tengo que perder tanto? ¿Por qué …?
Cuando sufrimos, solemos querer saber el por qué. Sin embargo, es interesante que Dios nunca le dice a Job la causa de todo su sufrimiento. La razón es porque preguntar el porqué es la pregunta incorrecta. La pregunta que hay que hacer es, ¿quién? ¿Quién es el que está en control? Cuando Dios finalmente le responde a Job, afirma Su soberanía sobre absolutamente todo. Además, Dios destaca Su conocimiento y Su cuidado de Su creación (Job 38-42).
Así que, cuando sufras, no te desesperes, sino confía en el control de Dios. Cuando tus problemas incrementen, sométete al plan de Dios. Cuando el dolor sea constante, descansa en la gracia de Dios. Cuando no sepas qué hacer, pasa tiempo en oración. Cuando el mal te aplaste, busca ayuda de Dios. Cuando no entiendas lo que está pasando, entrégate a la voluntad de Dios. Cuando las dificultades te persigan, sigue obedeciendo a Dios. Cuando todo aparenta ir a la ruina, sigue adorando a Dios. Confía en Yahweh quien realmente es soberano.¶