Ya sabemos que el juicio al que fue sometido Jesús formaba parte de todas las cosas que habían de acontecer durante la vida y obra de Jesucristo, pero quisiera relatar la ilegalidad que tenía en sí dicho juicio.
Son varios los puntos que reflejaban esta ilegalidad:
1. Estaba prohibido celebrar juicios de noche y tanto el arresto como el juicio fueron de noche ante el Concilio.
2. El acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Hoy en día, por muy claro que se vea a un culpable, siempre es llamado “supuesto”.
3. No se puede dictar sentencia el mismo día del juicio, sobre todo en un caso de vital importancia como era este.
4. Es imprescindible mostrar auténtica credibilidad de los testigos. Este no es el caso, como indica Mateo 26:59- 61 “Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.”
5. En cualquier caso los testigos debían ser tres y no dos.
6. Sabían que no podían condenarlo a muerte por eso, y le acusaron de desafecto al régimen político. Entendieron que manifestándose como Cristo, o sea, Mesías, se presentaba como Rey de los judíos.
7. Todo el Concilio debía estar presente, sin embargo, aquí, los que podían defenderlo no estaban, como es el caso de Nicodemo.
8. En un juicio, los que tienen que dar el veredicto no hablan durante dicho juicio, y por supuesto, no acusan. En este caso, tanto Caifás como Anas, hicieron de fiscales y de jurado.
9. El juicio debe ser ante el público no solo ante el Concilio y acusadores.
10. El miembro más joven del Concilio es el primero en hablar y votar, y así por orden hasta el mayor y, por último, el Sumo Sacerdote. Sin embargo, en el juicio a Jesús fue al revés, primero votó el Sumo Sacerdote y los demás fueron contestando, o mejor dicho, diciendo: Sí, Sí, Sí…
Ciertamente, el que el juicio fuese legal o no, no es lo más importante, ya que esto sucedía para que se cumpliesen las Escrituras, y si Él hubiese querido, ni hubiera habido juicio ni nada de nada. El ejemplo lo vemos cuando mandó a Pedro que guardase la espada diciendo: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? (Mt. 26:53-54).
Pero creo que no está de más hacer un pequeño comentario de una de las partes claves de la obra y vida de Nuestro Señor Jesucristo.