Jesús, quien nació en la carne, en un pesebre humilde, criado como hijo del carpintero José, es el personaje más sublime, santo e impactante de todos los siglos, tan importante es que la historia es contada a.C y d.C tanto para los que creemos en Él como para los que le niegan.
Tenemos constancia acerca de Jesús por historiadores no cristianos del primer siglo, como por ejemplo:
– FLAVIO JOSEFO, historiador judío escribió acerca de Jesús en su obra Antigüedades Judías, libro 18, cap.3:
“…Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo, y atrajo hacia El a muchos judíos y a muchos gentiles. Era Cristo. Y cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día habiendo los santos profetas predicho esto y otras mil maravillas. Y la tribu de los cristianos, llamados así por El, no ha cesado de crecer hasta este día.”
– CORNELIO TACITO, gobernador e historiador romano hace referencia a Jesús al describir como Nerón flagelo a muchos cristianos en el año 65 así: “…Nerón…castigó con las penas más refinadas a unos a quienes el vulgo odiaba por sus maldades y llamaba
cristianos. El que les daba este nombre, Cristo, había sido condenado a muerte durante el imperio de Tiberio por el procurador Poncio Pilato. Esta funesta superstición, reprimida por el momento, volvía a extenderse no solo por Judea, lugar de origen del mal, sino también por la ciudad de Roma.” (Tácito, Anales XV, 44).
También en los días de Jesús la gente tenía conocimiento acerca de él. Cuando comenzó Su Ministerio y vino a Su tierra la gente lo admiraba y decían: “…¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.” (Mr. 6:3) Aunque era una visión totalmente distorsionada sobre su persona.
Normalmente Jesús habría sido llamado Yehoshua bar Yosef, Jesús hijo de José pero en este caso la gente no hizo referencia al padre de Jesús sino solo a su madre lo cual incluso llegaba a ser una manera sutil de insultar.
En otra ocasión, hablando con los judíos estos le echaron en cara los rumores acerca del posible origen ilegitimo de su nacimiento, pues se tenía conocimiento acerca del compromiso de María y José y que José no era el verdadero padre de Jesús: “…Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.” (Jn. 8:41)
Hoy en día tenemos bastante documentación bibliográfica acerca de Jesús, aunque desgraciadamente no toda la información que podamos recibir mediante internet sea totalmente fiable, pero para nosotros, como cristianos la verdad es que nos debe bastar con la información que Dios ha querido revelarnos en Su Palabra.
Tenemos los 4 evangelios, en los que podemos ver la vida de Jesús y Su ministerio desde cuatro perspectivas distintas:
1. Mateo es dirigido al lector judío y nos muestra a Jesús como el Mesías profetizado en el A.T.
2. Marcos es dirigido a los lectores con trasfondo romano y nos muestra a Jesús como el Siervo sufriente.
3. Lucas es dirigido a los gentiles de ámbito helenístico y presenta a Jesús como el Hijo del Hombre.
4. Juan es dirigido a los lectores de todo el mundo y presenta a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios
Si acudimos a esta fuente podremos:
• Visitar los campos en que los pastores velaban sus rebaños la noche en que Jesús nació.
• Recorrer paisajes desde el pesebre donde fue acunado el Niño Jesús en su Primera Venida hasta el Monte de los Olivos donde pondrá su pie en la tierra en su Segunda y Gloriosa Venida.
• Cruzar con su familia el desierto en su huida a Egipto.
• Acompañarle al río Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista y escuchar esas gloriosas palabras de Dios Padre que dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” (Mt. 3:17)
• Seguirle al desierto donde fue llevado por el Espiritu para ser tentado por Satanás.
• Recorrer con Él la ribera del mar de Galilea en busca los que serían sus “pescadores de hombres”.
• Volver a Nazaret, la aldea donde se crio y donde jugó en sus calles de pequeño, donde estuvo trabajando con José aprendiendo el oficio de carpintero y por el que era reconocido, donde la gente le conocía muy bien pues había vivido allí aproximadamente 26 años.
• Podremos acudir a ese monte desde el que nuestro Señor predicó las bienaventuranzas, donde nos enseñó a orar al Padre, donde nos habló del afán y la ansiedad dejándonos esta promesa: “…Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas…” (Mt. 6:33) además de hablarnos de otros muchos temas con relación a Dios y a nuestro prójimo.
• Podremos verle sanar infinidad de males: leprosos, paralíticos, endemoniados, mudos, enfermos mentales, cojos, ciegos, sordos, hasta incluso verle resucitar muertos como Lázaro, la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Nain cumpliendo así la palabra profetizada siglos antes. Además es muy curioso que Dios haya querido incluir una sanación en concreto indicándonos específicamente quien era esa persona la suegra de Pedro como queriéndonos decir “yo se que muchos no las queréis… pero yo sí…”
Podremos también verle realizar MILAGROS tales como:
• Convertir agua en vino de calidad en las bodas de Caná.
• Alimentar con 5 panes y 2 peces a 5000 hombres, además de mujeres y niños. Y sobró, y por si fuera poco en otra ocasión realizó el mismo milagro con 7 panes y unos pocos pececillos, sobre una multitud de 4000 hombres además de mujeres y niños, y volvió a sobrar.
• Calmar la tempestad en medio del mar de Galilea con el poder su palabra.
• Animar a Pedro a echar el anzuelo y guiar al pez que en su boca tenía justo la moneda que necesitaban Pedro y Jesús para pagar los impuestos.
• Caminar sobre el mar en medio de una tempestad.
• Guiar a Pedro y otros a una pesca milagrosa después de haber pasado toda una noche sin llegar a pescar nada.
En las páginas de los Evangelios encontraremos también:
• Sus parábolas, la del sembrador, la del trigo y la cizaña, la del grano de mostaza, la de la levadura, la de la oveja perdida, la del hijo pródigo, la del buen samaritano, la del rico insensato.
• Sus enseñanzas, sobre el divorcio, sobre el ayuno, sobre el juzgar a los demás, sobre el gran mandamiento, sobre la ira, sobre la oracion.
• Sus discusiones con la élite religiosa de su tiempo primeramente de niño, en el templo, cuando sus padres pensaban que se había perdido, y ya durante Su Ministerio con los escribas, fariseos y saduceos, como cuando los discípulos recogieron espigas en día de reposo, o cuando le preguntaron acerca del tributo.
• Sus profecías acerca de su resurrección, acerca de la destrucción del templo, acerca de los últimos tiempos.
• Sus conversaciones y su amor para con los que hablaba: Nicodemo, con la Mujer Samaritana, con Zaqueo, con el Joven Rico, con la mujer sorprendida en adulterio.
• Sus oraciones al Padre y su intercesión por nosotros, porque Él pidió por sus discípulos de aquel entonces y por los que habrían de creer por la palabra de ellos.
Y llegando al final de los días de Su Ministerio aqui en la tierra podremos:
• Acompañarlo en Su entrada triunfal en Jerusalén.
• Ver cómo limpiaba con arrojo el templo de cambistas y vendedores.
• Asistir a la cena en casa de Simón el leproso en Betania cuando una mujer le ungió con perfume al tiempo que algunos de sus discípulos se enojaban por el gasto excesivo.
• Ser testigos de las maquinaciones de Judas Iscariote con los principales sacerdotes para traicionar al Maestro.
• Estar presentes en la Última Cena, esa que nos relata el apóstol Pablo. (I Cor. 11:23-26)
• Verlo “arremangarse” y ni corto ni perezoso humillarse a lavar los pies sucios de sus discípulos dándonos un ejemplo viviente de humildad.
• Estar presentes cuando Jesús advierte a Pedro acerca de su negación.
• Podremos también acompañar al Maestro, a Jacobo, Juan y Pedro a Getsemaní y contemplar como Jesús se entristece y se angustia al punto de sudar gotas de sangre pidiendo al Padre que si era posible pasase de él esa copa pero que en
todo fuera hecha la voluntad del Padre mientras estos tres no echaban una sino dos cabezadas, y no los critico pues eso mismo me pasa a mí, y creo que a todos nosotros también muchas veces dormitamos mientras los que están a nuestro alrededor sufren.
• Podremos asistir al momento más vergonzante de la vida de Judas Iscariote cuando con un beso entregó al Maestro, que no a su maestro pues realmente nunca le fue fiel.
• Ser testigos quizá de su último milagro de sanación en vida cuando al ser arrestado uno de sus seguidores hirió con su espada a un siervo del sumo sacerdote y Jesús tocando su oreja lo sanó. (Lc. 22:51)
• Asistiremos al juicio sumarísimo plagado de falsos testigos en el cual los líderes religiosos condenaron a Jesús.
• ¿Quien dijo: “…Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré…” (Mt.26:33b) y “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los
discípulos dijeron lo mismo.” (Mt. 26:35)?… pues ahí estaba, negando conocerle.
• También seremos testigos de la corta conversación que mantuvo Jesús con Pilato sin encontrar Pilato motivos para condenarlo pero viéndose forzado a hacerlo por presión de loslíderes judíos.
• Compareceremos con El ante Herodes.
• Estaremos presentes en la asamblea popular a las puertas del
Pretorio en la que Pilato intentó soltar a Jesús pero se vio obligado a dictar sentencia de muerte contra el por los dirigentes judíos.
• Acompañaremos a Jesús al pretorio donde fue cruelmente azotado. • Subiremos por las estrechas y empinadas calles de Jerusalén viendo como carga con su cruz con apenas fuerza hasta que los soldados obligan a alguien a cargar con ella, a un tal Simón de Cirene hasta el lugar llamado Gólgota.
• Una vez allí seremos testigos de la crueldad de los soldados clavando los pies y manos de Jesús a la cruz, levantándola y dejándola caer en el agujero que la alojaba, y de la ignominia que sufrió Jesús viéndose desnudo y colgado ante los ojos de
todos en el Gólgota.
• Veremos el sufrimiento de Jesús por los suyos y como aún en esos momentos se preocupaba por ellos.
• Y no solo por los suyos, sino por los que le estaban crucificado.
• Seremos testigos del momento más negro de la historia del Cielo, ese en el cual Dios Padre tuvo que dejar de mirar a aquel de quien en varias ocasiones dijo: “…Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” (Mt. 3:17)
• Podremos oír las palabras más desgarradoras de los labios del Maestro cuando clamó a Su Padre. (Mt. 27:46)
• Llegaremos al momento en que: “…Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre en tus manos encomiendo mi espiritu Y habiendo dicho esto, expiro.” (Lc. 23:46)
• Y parece que aquí termina todo, esa hermosa aventura de tres años recorriendo Israel junto al Maestro, sentándose a Sus pies para recibir Su bendita enseñanza, viéndole realizar esos milagros que solo Dios podría hacer, viendo la compasión que Él tenía para con los necesitados y el valor y el arrojo que empleaba para con los que desafiaban Su autoridad. Todo parecía desvanecerse. Estos, que tiempo atrás volvieron gozosos contando al Señor todo lo que habían hecho en Su nombr, (Lc. 10:17-20) ahora se escondían temerosos de ser reconocidos como seguidores del “Crucificado” sin animo porque Su Maestro había muerto pensando un “y ahora que?” Ahora, ¿que va a ser de nosotros?… Muchos de ellos lo habían dejado todo por seguir al Maestro, habían, incluso abandonado su familia… ¡Que fracaso!… a los ojos del mundo.
• Aunque no todos fueron cobardes en esos momento, hubo dos personas que, pese a poder perder su dignidad entre el pueblo dieron un paso al frente. (Jn. 19:38-42)
• Ahora solo quedaba honrar al muerto y esperar, hacer como se espera que se trate el cuerpo de un ser querido una vez ha partido de nosotros y recordarlo. (Mt. 27:61)
• Y “llegado el cumplimiento del tiempo…” tal como ocurrió
con el nacimiento de Jesús (Mt. 28:1) tuvo lugar el milagro mas glorioso de la historia de la humanidad, tal como el Maestro había dicho… ¡RESUCITO! (Mt. 28:5-6)
• Podremos correr con Pedro y Juan para comprobar si lo que María Magdalena contaba acerca de la resurrección de Cristo era cierto, o fruto de su imaginación; acompañar a María Magdalena en busca del cuerpo de Jesús y tener ese encuentro con su Raboni (Maestro); estar con los discípulos en ese lugar en que estaban escondidos por temor y ver como Jesús se presenta ante ellos…; ver la cara de Tomás cuando Jesús se volvió a presentar ante todos ellos (Jn. 20:27); acompañar a los discípulos en el camino a Emaús cegados por el dolor hasta que les fueron abiertos los ojos.
• Escuchar la conversación entre Jesús y Pedro.
• Podremos estar presentes en la Gran Comisión que nuestro Maestro nos dio. (Mt. 28:18-20)
• Y por fin verlo ascender al cielo después de hablar a sus discípulos y tomar ánimo para seguir la obra (Mr. 16:19-20)
El apóstol Juan termina su evangelio con estas palabras:
“…Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. [31] Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Jn. 20:30-31)
“…Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.” (Jn. 21:25)
Si Dios no quiso que se escribieran es porque con la información que Él nos ha entregado, debemos tener suficiente para que nuestra fe esté bien fundada. No necesitamos de “Nuevos Evangelios Según…” ni de fábulas.
“…Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (II Pe. 1:19-21)