Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”.
Cómo vimos en el artículo anterior, la Trinidad tiene un papel muy importante en la Salvación del alma, y el Padre es el que inicia esta Salvación tan gloriosa. Santiago nos enseña que la salvación proviene del Padre. Él es la fuente de toda bendición y la salvación se cuenta como una de las bendiciones más deseadas de nuestra alma.
El Padre tiene un ministerio muy activo en la salvación de los perdidos. No olvidemos que “Dios es salvación”. Isaías 12:2 “He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí”. Isaías le dice al pueblo judío que Dios es su salvación y en él se deben regocijar. Pero no solo lo es de su pueblo sino también de los demás pueblos, o sea, los gentiles. Isaías 45:22 “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”. También nos dice Hechos 11:18 “Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!”. Así que Dios el Padre es la fuente de nuestra salvación.
El Padre como Salvador de todos los hombres.
Vemos en 1 Timoteo 4:10 “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen”. A este respecto nos dice John Macarthur: “por naturaleza Dios es Salvador. Esto quiere decir que Él no se complace en la muerte de los pecadores. Su carácter salvador se revela hasta hoy día en la manera como trata a quienes nunca creerán”. El hermano Macarthur se refiere, en esta última frase, que “todos los hombres experimentan algunos beneficios terrenales de la bondad de Dios. Estos beneficios son: 1) la gracia común, un término que describe la bondad que Dios muestra a toda la humanidad universalmente (Salmo 145:9) “Bueno es Jehová para con todos, Y sus misericordias sobre todas sus obras”. También al refrenar el pecado (Ro. 2:15) y juicio (Ro. 2:3-6), al mantener el orden en la sociedad por medio del gobierno (Ro. 13:1-5), al capacitar al hombre para que pueda apreciar la belleza y la bondad (Salmo 50:2), y al bañarlo de bendiciones temporales (Mt.5:45), 2) la compasión, el amor de un corazón quebrantado de compasión que Dios expresa a pecadores no regenerados que no lo merecen (Ex. 34:6, 7; Sal. 86:5; Mt. 23:37), 3) los llamados y amonestaciones para acceder al arrepentimiento, ya que Dios constantemente advierte a los pecadores acerca del destino que les espera y así demuestra tener el corazón de un Creador compartido que no se complace en absoluto en la muerte de los impíos (Ez. 18:30-32; 33:11), 4) la invitación del evangelio, la salvación de Cristo se ofrece de manera indiscriminada a todos los seres humanos (Mt. 11:28, 29; 22:2-14; Jn. 6:35-40; Ap. 22:17; cp. Jn. 5:39, 40)”. Así vemos cómo Dios con su bondad inquieta al pecador para que venga al arrepentimiento, como nos dice Romanos 2:4 “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”.
El Padre nos salvó y llamó santamente.
Las Escrituras nos enseñan que esto lo hizo antes de los tiempos de los siglos. ¿Y cómo hizo esto? No conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús. ¡Gloria a Dios! El Nuevo testamento nos lo enseña en 2 Timoteo 1:8 y 9 “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”. Otro aspecto importante de nuestro Dios es que:
La bondad y el Amor de Dios el Padre nos salvan.
Pablo, el apóstol, nos habla en Tito 3:4-5 “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, [5] nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”. Vemos esta manifestación gloriosa de parte del Padre, donde se muestra su Bondad y su Amor, atributos característicos de Dios que nos cautivan para buscar su Salvación, Salvación que ya ha obrado Él por su misericordia, según nos indica el versículo cinco.
Otro versículo, muy conocido, es portador de este Amor sin par que Dios tiene por el mundo, donde vemos su Bondad expresada en su deseo de que todo aquél que cree en el Hijo tenga vida eterna, Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
También aprendemos del ministerio del Padre en la salvación oyendo al Hijo hablar de su padre. Por eso la siguiente verdad es que:
El Padre nos da al Hijo.
Con esto quiero decir que somos dados al Hijo por el Padre como un regalo. De hecho, la iglesia es la esposa del Cordero (el Hijo) que es entregada al Hijo en las bodas del Cordero, Apocalipsis 19:6-7 “Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! [7] Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.
Oigamos al Señor Jesús en el Evangelio de Juan: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, [28] y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. [29] Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. [30] Yo y el Padre uno somos”. Jn. 10:27-30. Hay mucho que decir de este pasaje, lo más importante para nosotros es “mi Padre que me las dio…” el Padre nos da al Hijo. Todo esto nos lleva a un momento preciso en la eternidad pasada donde Dios cuidadosamente diseña un plan para salvar lo que se “perderá”, y en este plan el Padre da al Hijo todos aquellos que creerán en él (el Hijo), por eso vemos al Señor orando en Juan 17:1-2 “Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; [2] como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste”. ¡Qué hermoso es ver al Padre y al Hijo armoniosamente en nuestra salvación! ¡Solo Dios puede hacer algo así!
Otro hecho sorprendente es la verdad de que…
El Padre da mandamiento al Hijo para poner su vida por nosotros.
En el Evangelio de Juan el Señor está hablando a los fariseos y nos sorprende con estas palabras: S. Juan 10:17-18 “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. [18] Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”. Vemos cómo el Padre le da al Hijo el “encargo” de dar su vida en rescate por muchos. Abundaremos un poco más en el siguiente artículo cuando hablemos del Hijo. Un aspecto más que queremos ver es…
El Padre ha preparado nuestra Salvación. Tenemos dos pasajes muy interesantes al respecto, el primero se encuentra en S. Lucas 2:29-32 “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; [30] Porque han visto mis ojos tu salvación, [31] La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; [32] Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel”. Simeón ve la Salvación (al Hijo) y dice: “la cual has preparado en presencia de todos los pueblos”. El otro pasaje, muy revelador también, nos da una vista distinta y nos dice: S. Mateo 25:34 “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Otra vez nos lleva a la eternidad pasada para hablarnos de esta Salvación preparada para nosotros.